postheadericon No te engañes, ve mas alla de tus ojos


Estamos en plena época de la idolatría del becerro de oro "Cuanto tienes, cuanto vales" todo lo superficial, después que tenga brillo tiene gran valor; Al hombre el brillo y el valor se lo da el dinero que posee y la largueza para gastarlo. Se le llama gran señor al que brinda de todo al que nada necesita o al que tenga con que corresponder el agasajo, La moda hace al caballero y a la dama ¿Para qué dones? ¿Para que virtudes? Socialmente eso no tiene ningún valor. La distinción del hombre se la da el oro que produce y acumula, el refinado gusto conque desprecia al humilde y mortifica al huérfano del vil metal. El saber se mide a través de preconceptos anticuados y el llamado criterio no es mas que un almacén de viejas teorías insustanciales que su poseedor a fuerza de estarlas repitiendo se las apropia y defiende con la más cruel testarudez y si no obra así dizque va contra su criterio, es el lastre que poseen lo que los remonta a las empinadas cumbres del intelecto.



Ya nos parece ver a los intelectuales alarmados al leer tanta cosa para ellos inexplicable, tildándonos con los adjetivos más despectivos a veces y otros de grueso calibre, buscando como ratones de biblioteca a autores que hayan escrito algo contra lo que aquí aseveramos para ellos ponerse de su lado opinar lo mismo y refutar con libro en mano "nuestra audacia". A ustedes hermanos intelectuales les diremos que el intelecto ya pasó de moda. Ahora viene "Acuario" la edad de la "Intuición" por consiguiente tendrán que ganarse el pan de cada día con el sudor de su frente. Ya probaron hasta la saciedad que el intelecto solo confunde a su poseedor y lo conduce a las más raras extravagancias a los peores vicios y a la más baja degradación moral y para llegar a tan empinadas cumbres no se requiere leer y releer tanto, cualquier usurero que gane buen dinero puede hacer lo mismo: licores, placeres, lupanares, orgías y fornicación. En esto terminan los ladrones de frases.

Nos parece ver también a los lagartos y sabandijas de "luncherías y cafetines" prestos a ridiculizar nuestra obra, haciendo suposiciones descabelladas y maliciosas pero tampoco nos importa la "razón de la sin razón" de estos lagartos. Hay que hacer algo por la pobre huérfana (la humanidad doliente): recibirá su recompensa todo el que por ella se interese de corazón, bien vale la mortificación que implica este interés. Del dolor se sacan grandes provechos, del placer desgaste y desolación. Pueden alistar las columnas de sus periódicos para halagar la estulticia de los parásitos sociales y aumentar sus prosélitos. El ridículo no nos desconcierta, sabemos que lo hacen porque hablamos un lenguaje que no entienden, ni siquiera les interesa entender, es que les hace falta en su conciencia un punto de apoyo para comparar y deducir y al no poder presentar razones substanciales y propias que justifiquen el ataque, harán el ridículo a quienes tiene el valor de enfrentarse a una civilización viciosa y desorientada, porque vamos contra sus más queridos ideales porque no nos acomodamos al criterio concupiscente de los civilizados del siglo XX llevado hoy a la degradación más refinada.

Tampoco nos interesa el desprecio de los caballos universitarios con su saber acomodaticio y productivo que solo sabrán rumiar de este libro nuestras "licencias gramaticales y ortográficas" y no sabrán buscarle el hondo sentido que encierra ni las verdades que pone al descubierto precisamente por el impase que le provocan nuestras licencias y es que para nosotros lo importante de la palabra es que diga la verdad, enseñe y oriente; pero tristemente nuestros letrados miden el conocimiento del escritor no por la enseñanza de su palabra, sino por la forma como escribe la palabra. Toda palabra tiene y da su sentido además, que lo segundo es un adorno que cambia con el tiempo según el capricho de los "modistos" de la palabra, por lo tanto los errores ortográficos se los dejamos como pasto a los intelectuales.

El mundo no quiere sino a los del mundo, a lo mundano, a sus similares materialistas y cuando el hombre se aparta de él y sigue el camino del espíritu, solo odio, rencor y desprecio cosecha entre los que antes fueron suyos. El mundo no quiere tratos con quienes se apartan de él, por eso es por lo que a los verdaderos espiritualistas nos tratan de locos, ilusos y tontos y a Cristo le dieron muerte con humillación. Cristo no murió sobre cruces de oro adornadas con diamantes, esmeraldas y rubíes, sino en dos troncos y humildes leños pesados y duros.

JULIO MEDINA V.
Extracto del Prefacio a EL MATRIMONIO PERFECTO
Segunda Edición

1 comentarios :

Mauricio Basualto dijo...

psi

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